sábado, 10 de julio de 2010

El Ser deseado

El Ser deseado

El deseo es aquel sentimiento que se genera al vernos desposeídos de algo importante para nosotros. Puede ser algo material o inmaterial, por ejemplo: podemos desear comer, desear tener un coche; o bien, deseamos ser tomados en cuenta, deseamos obtener algún logro, y demás.

Nada en el mundo puede ser más deseable que Dios. Puesto que Dios encierra y supera infinitamente todo lo bueno que hay en el mundo. Por ello podemos decir sin temor a equivocarnos que Dios es el Ser deseado por excelencia. Lo ha sido desde siempre, sin distinción de pueblo o época. Y es que Dios sembró algo en nosotros que suscita el deseo de Él, según dice San Agustin, “Señor, nos has hecho para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que repose en ti”.

Si bien, Dios es el ser más deseable, en muchas ocasiones no es el ser mas deseado, ¿qué significa esto?, significa que a veces no deseamos lo que deberíamos desear. Y esto es un defecto nuestro, no un defecto del ser deseable.

Hago esta reflexión porque he llegado a la conclusión de que todo aquello que desvía mi deseo de Dios hacía otro, es una artimaña del maligno. Así es, dije bien, repito: todo aquello que desvié u ofusque mi deseo de Dios es una trampa del enemigo.

Creo que toda acción humana debe supeditarse a este deseo, es decir, todos los deseos que se susciten en nuestra alma deben ir en dirección divina, sino no son buenos deseos.

Y llevando este pensamiento a la práctica pueden venir muchas luces para la vida cotidiana, pongo ahora algunos ejemplos:

¿Con que personas juntarse? Con las que sean más simpáticas o con aquellos con los que pueden ayudarte a acercarte a Dios; yo creo que con los segundos.
¿En qué trabajar? Donde se gane mas dinero o donde se produzca mayor bien a las personas; yo creo que en el segundo.
¿Con quién hacer una relación de noviazgo? Con la más bonita o de mejor cuerpo o con la mas virtuosa espiritualmente.
¿Qué leer? Aquello que me entretenga o aquello que cultive mi alma.
¿Cómo vestir? De la forma que atraiga la mirada del sexo opuesto, o de la forma que inspire humildad.

Como ves, Dios es el centro de todo criterio recto. No hay que perder de vista esto, para elegir siempre lo mejor para nosotros y para nuestro prójimo.

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