domingo, 24 de octubre de 2010

El "machismo feminista"

Aunque el título de este artículo parece contradictorio; fue puesto de esta forma deliberadamente para expresar el abuso en que incurren algunas féminas y que tiene como parangón opuesto el machismo, ambos igualmente dañinos para la persona y para la sociedad.

Entíendase el machismo como aquellas conductas del hombre que van en franco deterioro de la dignidad de la mujer. Ejemplos claros de esto son: la violencia física y verbal que algunos hombres usan contra su mujer por "X" motivo; la no valoración de las capacidades femeninas para realizar ciertas actividades; o casos muy crudos como los que acontecen entre algunas etnias indígenas en que el papá tiene el derecho de vender a sus hijas al mejor postor.

Está claro que todos los ejemplos anteriores denotan una abierta infravaloración de la dignidad de la mujer. Esto se opone frontalmente a los principios cristianos, recordemos simplemente las palabras del Génesis (1,27) "Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó".

Hoy día el machismo está en vías de extinción, gracias a muchos factores, entre ellos: principalmente, la evangelización cristiana (desde hace siglos en nuestra cultura) que ha exaltado la importancia de la mujer en la historia de la salvación a semjanza de la Virgen María; el hecho de que la mujer tenga acceso a una educación académica que le permita integrarse con mayor seguridad a la vida socioeconómica; y la toma de conciencia por parte de las mujeres sobre sus derechos inialienables, como el derecho a ser respetada en su integridad física y moral.

Sin embargo no todo ha sido favorable para las relaciones mujer y varón en estos tiempos. En estos cambios culturales que se han venido dando en nuestra sociedad se han dado algunos para bien (como los que mencione en el párrafo anterior), pero también se han infiltrado malos cambios. Y eso es lo que pretendo denunciar en este breve artículo, refiriéndome a un fenómeno en particular, el de la pornografía.

Cito a continuación unas palabras del Predicador de la Casa Pontificia, el Sacerdote Capuchino Raniero Cantalamessa: "Lo que la mujer hace cuando se presta a la pornografía y a ciertos excesos de la publicidad es vender su propio cuerpo a las miradas en lugar de al contacto. Es prostitución pura y dura, y peor que la tradicional, porque se impone públicamente y no respeta la libertad ni los sentimientos de la gente.

Estas palabras esbozan a la perfección la magnitud del problema de la pornografía en nuestra cultura. Muchas mujeres han utilizado de tal manera su cuerpo por medio de la pornografía que el hombre incauto e inmaduro moralmente ha terminado por sucumbir ante el embate febril de la lujuria en toda su expresión. Esto ha desarmado moralmente a nuestros hombres, a nuestros hermanos, a muchos papas, hijos, tíos, primos, amigos, etcétera, etcétera.

El hombre una vez que ha caído en las garras de la lujuria se empieza a transformar en una reducción del hombre, porque ya no se domina a sí mismo como está llamado (por Dios mismo)a dominarse y ser dueño de sus actos. Ha comenzado a no ser dueño de su voluntad, las bajas pasiones van reemplazando el ejercicio de su voluntad. Es cuando nace el adicto (término de la psicología) o la enfermedad espiritual (término de la teología).

Todas estás consecuencias son desencadenadas teniendo como triste protagonistas a muchas mujeres. Es un caso de flagrante violencia de la mujer hacia el varón. El Padre Cantalamessa lo expresa así: "la mujer que se presta a la pornografía... no respeta la libertad ni los sentimientos de la gente".

María de Nazareth socorre a nuestro pueblo de esta trampa del enemigo que victima a la mujer y muy especialmente al hombre.

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